Habíamos comentado en otro artículo, que el fin de las vacaciones traía consigo un aumento de los divorcios, pero no habíamos hablado de que ese aumento se daba también entre personas mayores, si consideramos dentro de ese colectivo a los mayores de 60 años. Así que me puse a indagar un poco y aquí van mis modestas reflexiones.

Las últimas estadísticas nos dicen que el número de divorcios de personas mayores de 60 años ha aumentado en menos de diez años en más de un 162% y si nos referimos a la franja de edad en que ambos cónyuges tienen 60 o  más años ese porcentaje sube al 173%. Al mismo tiempo y para compensar los matrimonios en los que el novio o la novia pasaban o tenía esa edad (60 años) han aumentado un 101% y un 131% respectivamente. Es decir ese colectivo no es que se divorcie y se quede contemplando el horizonte, sino que tiene otros proyectos de vida y otras inquietudes al igual que todos los demás.

Si había mucha gente que pensaba, que los jóvenes son los que se separan y los mayores no, que habiendo llegado a esa edad con la misma pareja, pensaban que todo estaba atado y bien atado, están confundidos a la totalidad.

Se tiene la idea equivocada de que las personas mayores no tienen pulsiones, afectos ni pasiones y se está muy equivocado. Hay que tener en cuenta que el horizonte vital de las personas se ha alargado y en consecuencia la capacidad de mantener relaciones o romper con las que se tenían. La esperanza de vida ha pasado a 81 años para los hombre y 86 para las mujeres en términos generales, si antes a los 50 años se era ya un viejo ahora a los 60 estamos en la plenitud de nuestra madurez y con unas perspectivas de vida antes nunca vistas y con la posibilidad de que las mismas puedan aumentar.

De hecho hay un error conceptual en la gente que piensa, que por tener más años, no se siente o se piensa como los demás, como los más jóvenes, como si por acumular más tiempo de vida uno no fuera igual a nivel emocional.

Veamos qué pasa con este colectivo social en el entorno de los 60 años.

Son personas saludables, curiosas, activas, que llevan una vida razonablemente satisfactoria, independiente y que suelen estar satisfechos con su  estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo, tienen una escala de valores muy distinta a la que tenían las personas de su edad de hace una o dos décadas, son personas que viven con mayor apertura mental, y si no son felices con su pareja, la dejan y lo hacen cuando valoran que les merece la pena, que la relación ya ha cubierto sus objetivos. Ya hemos dicho  que ha aumentado la esperanza de vida, hay menos control social, el divorcio y la separación está perfectamente arraigado en nuestra sociedad, el elemento religioso que hace años tanto influía ha dejado de ser un elemento de control de la conducta y la gente se replantea su vida.

Hay que decir que para algunas  personas la posibilidad de divorciarse desde un punto de vista práctico, llega cuando tienen la hipoteca pagada, los hijos son mayores, tienen menos responsabilidades que atender, muchos años por delante, con salud , recursos y tiempo para cuidarse.

Muchos expertos dicen que una de las cuestiones que más han influido en este cambio de comportamiento de las parejas maduras, es la independencia económica de las mujeres, que no dependen económicamente de su marido y tienen mayor conciencia de ser un individuo con libertad de elección.

Por último, la jubilación muchas veces es determinante, como lo son las vacaciones de Agosto ya que suele desencadenar problemas de convivencia si no se está preparado, porque el matrimonio no está acostumbrado a convivir todo el día, ni coincidir en las tares domesticas, ni en el tiempo de ocio, los hijos han abandonado el hogar familiar y eso a veces lleva al desencuentro, si antes aguantaban, ahora como ocurre a otras edades, se separan, y sobre todo a los 60 años no se quiere renunciar a la felicidad y muchos se atreven a dar el paso.

Como experto en temas matrimoniales tengo que hacer un pequeño inciso que me parece importante, si no hay estabilidad económica y no se tienen los suficientes recursos, dar este paso aunque la situación se esté deteriorando o este ya deteriorada es mucho más difícil a no ser que se tenga el apoyo emocional y  económico de los hijos. No es lo mismo tener una jubilación de 2000 euros mensuales y la casa pagada, que una de 750 euros y con una hipoteca de 200 euros mensuales, en este último caso la separación o el divorcio son inviables en circunstancias normales. Tuve una vez una clienta de 81 años de edad que quería divorciarse de su marido que tenia los mismos años que ella porque decía que tenía una amante que era enfermera en un centro asistencial al que el marido acudía y que todos los días se iba de casa por la mañana y volvía a comer y a cenar  a casa y que ella no aguantaba más y que quería que se fuese de la vivienda y se fuese a dormir al parque o adonde pudiese, pero claro eso no era factible, su pensión era mínima, no tenían otro domicilio al que poder ir, y no iba a haber ningún juez que admitiese poner en la calle al señor (no era violento, solo un  caradura) y que la señora se quedase en el domicilio, así que no me quedo más remedio que ponerme en contacto con los hijos para que afrontase como pudiesen ese conato de separación, o bien llevándose a su padre a vivir con alguno de ellos o convenciéndole para que depusiese en su actitud y no tuviese a su mujer como la patrona de una pensión a la que acudía todos los días .

Así que si habéis cumplido los 60, estáis jubilados o a puntos de jubilaros, tenéis una cierta estabilidad económica y no estáis a gusto con vuestra vida de casados, no desesperéis que todavía hay vida más allá de dicha edad.

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