Se está haciendo hincapié últimamente en muchos medios de comunicación, del aumento de los delitos que se producen por parte de los jóvenes menores de edad contra sus progenitores, y  aunque eso no sea del todo verdad (ya en el año 2016 disminuyeron en un 11% con respecto al año 2015)) la sensación por parte de la generalidad de la población es que esos ataque físicos o amenazas verbales y no verbales ejercidas de hijos a padres están aumentando al igual que los actos violentos sin motivo ni razón aparente realizados por parte de menores de edad como los tres menores que fueron detenidos en Bilbao recientemente acusados del asesinato de dos ancianos y de un jugador de fútbol.

Sin embargo autores como San Martin y Gilles y Straus aseguran que la familia es la institución más violenta de nuestra sociedad (y en donde se da sobre todo la violencia familiar de padres a hijos,) después del ejército en tiempos de guerra. De hecho es también en ese entorno donde se dan los mayores casos de abusos sexuales y violaciones.

Hemos hablado en el anterior post del tema de los menores de edad y la violencia de género http://www.divorciosinteligentes.com/2018/03/menores-de-edad-y-violencia-de-genero-si-me-controla-es-porque-me-quiere/ y en este queremos dar unos puntos de vista diferentes a los que la mayoría de nosotros tenemos al respecto, dar un margen de confianza, no demonizarlos y  romper una lanza a favor de nuestros jóvenes que ni son tan inútiles y tan vagos como nos quieren hacer creer, ni tan violentos ni descerebrados como a veces nos los pintan.

Sin querer abrumaros con datos estadísticos, hay que decir que el año 2016 fue el año con menos infracciones de la última década pues fueron condenados 13.000 personas de entre 14 y17 años lo que supone un 30% menos de los que lo fueron en el año anterior.

Hay que añadir que este problema (el de la violencia filio parental) en la mayoría de las ocasiones se encuentra oculto dentro de nuestro entorno y es necesario darle la visibilidad que se merece y concienciar a la población del problema existente pero sin alarmarla porque según afirma Javier Urra, que fue primer defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, la delincuencia juvenil en general va claramente a menos.

Además en la mayoría de los casos los jóvenes son condenados por delitos patrimoniales y no por delitos graves. La infracción más común es el robo, un 25% del total de los casos.

Y sin embargo mientras se publican muchos datos referentes a estas situaciones  de violencia de hijos a padres ( la agencia Europa Press publicó en febrero de 2017 que en España se producían 13 denuncias al día por hijos que pegan a sus padres), casi nadie se ha fijado en un dato estremecedor y es que las familias cometen entre un 60 y un 70% de las agresiones a menores lo que se conoce como violencia familiar según ha publicado la organización de ayuda al menor ANAR.

La fundación determina que las agresiones han ido a peor, son más frecuentes, mas graves y duran más.

La familia es la que se lleva la palma en este tipo de agresiones principalmente por parte del padre biológico del menor y en menor medida  por parte de la madre.

Los principales cómplices para estos adolescentes maltratados y con los que se sienten más respaldados cuando esto ocurre son sus propios amigos y donde menos complicidad encuentran es entre los adultos de su entorno escolar.

Tras la familia, el siguiente agresor es un compañero de colegio y si bien por un lado el silencio en las denuncias ya no es una constante en estos casos lo cierto es que se suele tardar casi dos años en dar la voz de alarma una vez que se produce el primer maltrato o la primera agresión.

Es verdad que las situaciones han ido cambiando, hemos pasado de un régimen autoritario en el ámbito familiar a uno más democrático y en donde a veces se confunden los papeles de cada una de las  partes involucradas en el conflicto, pero no se nos tiene que olvidar que hoy en día hay muchas familias mono parentales, padres con hijos cada vez mas tardíos, cambios laborales que dan lugar a lo que se conoce como niños llave (llevan la llave de casa colgada en el cuello porque cuando llegan a la salida del colegio no hay ningún progenitor esperando ya que ambos están trabajando), se les educa sin la palabra NO en su vocabulario y con muy baja tolerancia a la frustración.

Pero todo esto a los que nos estamos refiriendo es debido principalmente a que en las familias existen:

  • Padres autoritarios y rígidos en sus conceptos
  • Padres negligentes en sus planteamientos
  • Padres sobreprotectores
  • Padres con relaciones conflictivas ente ellos
  • Padres insatisfechos en sus propias relaciones, personales, familiares, laborales

La mayoría de los estudios establecen que la violencia de los adolescentes hacia sus progenitores se produce por la permisividad, la negligencia y la ausencia físico o psicológica de la figura paterna, es decir que estas conductas son una constante en los hijos maltratadores.

La violencia se aprende sobre todo dentro del entorno familiar, es una de las características de estos maltratadores, es decir que los hijos que agreden en general:

  • Son egocéntricos
  • Tienen baja tolerancia a la frustración
  • Tienen ira y falta de empatía
  • Gran impulsividad

El problema es que todo esto no aparece de manera espontanea, un bebe no nace con un sentimiento de ira o de intolerancia a la frustración o con sentido de la agresividad, eso se va a prendiendo con el paso de los años, dentro de su entorno familiar, social y de las relaciones con sus semejantes, por eso a veces tendríamos que mirarnos en nuestro propio ombligo para ver que parte de culpa tenemos nosotros dentro de estas situaciones, porque parece que todo es culpa de los menores o de los adolescentes que de repente se han convertido en violentos y maltratadores como por arte de magia y en principio todo tiene una explicación, pero claro a veces no nos interesa verlas, porque seriamos protagonistas principales de esa película.

Las conclusiones son claras al respecto, el entorno en el que se mueven nuestros menores es fundamental para su educación y para su aprendizaje, y si este no es el idóneo será difícil pedir que nuestros hijos adopten actitudes y comportamientos diferentes a los que han visto en su entorno familiar del cual somos los únicos responsables por mucho que nos cueste reconocerlo.

 

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