Adolescentes y pornografía. Miedos familiares

En la última píldora familiar hablaba, de que uno de los miedos de los padres y madres en la actualidad y en relación a sus hijos e hijas menores de edad es el fácil acceso que tienen a contenidos pornográficos. Como creo que se quedo un poco corto, voy a desarrollarlo un poco más.

Siete de cada 10 adolescentes consumen pornografía y reconocen verla entre los 6 y los 12 años de edad según el último informe de la Organización “Save the Children”. El informe se titula (Des)información sexual: pornografía y adolescencia. (Aquí os dejo el enlace https://www.savethechildren.es/informe-desinformacion-sexual-pornografia-y-adolescencia).

Más de la mitad el 53,8% afirma que la ha visto  en esa franja de edad, frente al 46 % que dice verla entre los 13 y 17 años. En el caso de las chicas adolescentes las cifras disminuyen o se desploman hasta el 39%. La encuesta se realizó entre 1700 estudiantes de entre 13 y 17 años de edad.

¿Qué implican estas cifras tan alarmantes? Primero que la educación afectivo sexual no siempre está a la orden del día dentro del hogar y de las familias, ni está incluida en el curriculum, ni en la escuela y así internet se convierte en la escuela y en el consultorio sexual y pornográfico de nuestros jóvenes.

En general la pornografía gratuita (la mayoría de la que ven nuestros menores) es machista y violenta y es la que suelen consumir. Estos videos enseñan a los chicos a menospreciar a las mujeres, a sexualizar el dolor femenino, a sentirse atraídos por figuras como la materna, cuidadoras o mucho más jóvenes, incluso menores y a no cuestionar el deseo y convertir el sexo en una obligación que implica la dominación de la mujer. A las chicas se les ofrece una única opción en la que su placer pasa a segundo plano y su disposición es incondicional y muchas veces sumisa.

Si hay hombres que aprenden que la violencia excita, que solo con violencia sexual son machos, se termina por normalizar la violencia. Cuando te educas con violaciones grupales, mujeres penetradas por todos sus orificios, imágenes de incesto, de zoofilia, sexo con mujeres golpeadas, estranguladas, asfixiadas con bolsas de plástico, cuando lo más buscado en las paginas porno son los gangbang (relaciones sexuales con tres o más personas), cuando los bukakes (sexo oral masivo donde una chica recibe el semen de varios a hombres a la vez normalmente en su cara) los ves con tus colegas partidos de risa, cuando las mujeres son categoría de búsqueda como adolescentes, maduritas, asiáticas, negras, pechos  pequeños, lesbianas, pelirrojas, niñeras, pasa como decían los miembros de la Manada que lo que hicieron era sexo consentido y que ellas se dejan y les gusta.

Hay que explicarles a nuestros hijos e hijas que el porno no es real, que hay efectos especiales como en las películas, que el placer no se consigue con la penetración directa, o que el sexo anal no es obligatorio. Que no tengo que tener pronto sexo para que no me digan que soy una sosa y fría, que no te coman el coco para que aprendas a callar, o a dejar hacerte, o que no hay que ponerse condón.

Hay que explicarles a nuestros menores todas estas cosas, aunque nos cueste y sepamos que va a ser difícil. Si no lo hacemos nosotros lo van a hacer sus amigos que saben igual o menos que ellos y se puede  distorsionar la realidad. Queremos que el sexo sea no violento y libre y que el placer sea real y eso pasa por más educación y menos pornografía.

Los chicos deben aprender a respetar a las mujeres y las chicas a respetarse a sí mismas. Si a un chaval se le ha enseñado a respetar a las mujeres, incluso si sus amigos ven porno, él estará vacunado, incluso si él ve porno lo verá de otra manera.

Debería existir algún tipo de ley para asegurarnos que los niños no tienen acceso a contenidos pornográficos que son dañosos para ellos. No tiene sentido que en la escuela nos enseñen qué es la igualdad de género y luego se tenga acceso a todos esos contenidos.

Podríamos estar hablando largo y tendido al respecto, pero la esencia se reducirá a “educación, educación y educación” con respecto a nuestros menores y a vigilancia y  controles parentales mientras sean pequeños o por lo menos hasta los 14 años, incluso con más edad, pero con conocimiento de ellos y ellas. Los padres tienen que tener en cuenta que el móvil lo pagan ellos es decir que son los que imponen las normas al respecto y a los menores solo les queda, acatarlas y negociar con sus progenitores, técnica esta que todos ellos deberían aprender.

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