¡CÓMO HEMOS CAMBIADO!

El otro día publicaba el primer post de este año y lo titulaba ESTO SE PASA. En el mismo venía a decir que a veces no nos damos cuenta de cómo éramos nosotros en nuestra juventud, de cómo con el paso de los años hemos ido cambiando y además se nos ha ido perdiendo la memoria histórica para acordarnos de lo cabezas de chorlito que éramos en nuestra juventud.

Para bien o para mal, la sociedad en la que nos movemos en la actualidad no tiene nada que ver con la de hace 30,40 o 50 años, entre otras cosas porque hace tanto tiempo no existía INTERNET  y eso ha dado un vuelco a todas nuestras relaciones, sobre todo a las familiares y a las de nosotros mismos con nuestro entorno y nuestras amistades y a la vez ha dado un gran cambio a todo lo relacionado con el tema jurídico que antes ni siquiera lo teníamos en cuenta o ni se nos había pasado por la cabeza debido a las nuevas formas de delinquir y a los nuevos delitos que a raíz de la aparición de las tecnologías de la información y de la comunicación han ido incorporándose a nuestras vidas.

Los papeles en las familias en esas épocas, estaban muy definidos, lo que no quiere decir que estuviesen bien, pero es con lo que nos educaron. Una familia donde en general no se discutía la autoridad tanto del padre como de la madre y que con el tiempo ha ido derivando a una cierta laxitud en la educación de nuestros menores, en una cierta tendencia a no molestarles, a que no se sientan frustrados, a darles todo lo que se les antoje a querer hacernos o ser mas sus amigos que sus progenitores y a confundir los papeles que n tiene reservados la vida y la sociedad. También interviene como he dicho el miedo a decirles que no y a la frustración como si el mundo o la vida fueran un campo de rosas sin ninguna espina y con eso lo que estamos haciendo en vez de educarlos es engañarlos.

Esto que parece que es nuevo, propio del siglo XXI ha existido siempre, la adolescencia, el paso de la juventud a la madurez ha sido siempre una etapa difícil,  de confrontamiento con nuestros progenitores, de fidelidad infinita a nuestros amigos, de rebeldía hacia las normas que nos imponen nuestros mayores, de pensar que ya podemos hacer lo que nos de la gana, de que no tenemos responsabilidades y solo derechos, pero eso es normal , es lógico, no tiene nada de extraño, todos hemos sido así y no hay que demonizarlo, es una etapa más de la vida y del aprendizaje de nuestros menores con lo que todo ello conlleva de aciertos y errores y de experiencias que las tienen que vivir ellos y ellas, el primer porro, la primera relación sexual, el primer desencanto amoroso, la primera borrachera, la primera discusión con nuestros padres todo eso lo tienen que vivir y son momentos personales, únicos que no vamos a poder evitar a no ser que tengamos un santo o una santa en nuestra familia.

Tendremos que enfrentarnos a ello con la mejor de nuestras sonrisas, acordándonos de cómo éramos nosotros, lo que nos peleábamos con nuestros padres, como tratábamos de engañarlos diciendo que nos íbamos a casa de Juan cuando nos íbamos a casa de Pedro, que nosotros también veíamos pornografía y cuando caía un Playboy en nuestras manos era como un tesoro, que fumábamos cigarrillos  a escondidas y más de un canuto o porro también nos fumábamos, que la heroína pendía por encima de nuestras cabezas y que el juego aunque en menor medida también estaba presente en nuestras vidas, que nos emborrachábamos a edades tempranas, es decir nada que no sepamos o que nos pueda pillar de sorpresa, ahora hacen lo mismo, quizás,  con más facilidad gracias a las nuevas tecnologías, pero que no nos debería sorprender nada. Antes nos enganchábamos a series de televisión como  Falcon Crest, Dinastía ,Dallas, La Casa de la Pradera y ahora lo hacen a Black Mirror, Elite , Euphoria, La casa de Papel o Juego de Tronos (nosotros también).

En definitiva nada nuevo bajo el sol, por eso creo que hay que hacer un ejercicio de retrospección para acordarnos de cómo éramos entonces y como seriamos ahora, si habría mucha diferencia con nuestros menores o seríamos igual o peor que ellos de enganchados a las nuevas tecnologías.

Así que no estaría de más que nos sentásemos encima de nuestras camas e hiciésemos un ejercicio de meditación al respecto y a lo mejor nos asoma una sonrisa a los labios al pensar como seriamos nosotros con 15 años y que haríamos en el siglo XXI, sabiendo que ahora tenemos unos cuantos años más.

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