Conviviendo con el Tigre

Después de publicar el otro día un artículo en el blog titulado  “nos quedamos en casa” en donde en términos generales me refería a lo que más o menos deberíamos hacer y a que tendríamos que usar mas la cabeza y el cerebro que las vísceras para poder aguantar esta cuarentena que más bien va a ser cincuentena, me tope con un artículo de Cristina Fallaras en el diario Público del día 17 de Marzo titulado “Ellas tienen ahora a la bestia en casa” y en el que entre cosas decía

“Pero, además, las mujeres tienen miedo a las calles, a los espacios boscosos, a los caminos rurales, a las gasolineras, a conducir solas por según qué rutas, a las escaleras de su edificio o a los aparcamientos subterráneos. Muy pocas de las mujeres a las que se pregunta admiten tener miedo al hogar, incluso a la casa en términos abstractos.”

Y añadía a continuación,

“La cosa tiene su miga, y llama la atención, porque la mayoría de los espacios nombrados tienen que ver con el exterior, con la libertad de movimientos o con la posibilidad de gozar de los espacios abiertos, generalmente naturales. Y, sin embargo, la gran mayoría de las agresiones suceden en casa. Sí, ahí donde vivimos todas, todos, confinadas desde hace unos días. Encerrados, sin permiso para salir.

Cuando una vive con un hombre agresivo, o sea con un maltratador, sabe que vive junto a un tigre, una bestia capaz de largar el primer zarpazo sin que medie un gesto, un cambio en el ambiente que pueda darle una explicación. Y después del zarpazo, más zarpazos y la dentellada, y más dentelladas. La mujer descansa en una silla, los niños hacen los deberes y el tigre está ahí, en el salón. Está aburrido por las horas sin televisión ni fútbol. O está irritado por el cierre de la empresa. O está cansado de ver las mismas caras. O sencillamente está, porque nada de todo lo anterior podría servir de explicación. Y sin embargo, las cosas suceden unas detrás de otras. Por ejemplo: el equipo local pierde un partido, la bestia se toma dos copas de disgusto e imprecaciones con los amigos, sube a casa, atiza a su mujer con la mano, luego con el puño, luego ya en el suelo la patea. En hospitales y cuartelillos saben de qué hablo.

Según los datos de las Macroencuestas y del Observatorio del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), 600.000 mujeres son maltratadas en España cada año, la mayoría de ellas en sus hogares. Aunque sería mejor decir torturadas. Lo llamamos maltrato porque nos resulta más fácil de digerir, pero lo que esas mujeres padecen es tortura, tormento, tortura minuciosa y cotidiana.

Que haya al menos 600.000 mujeres maltratadas en España significa, ni más ni menos, que hay 600.000 maltratadores. Al menos. Pero sería mejor decir torturadores.»

Me ha parecido muy interesante plasmar aquí, lo que dice Cristina porque creo que son situaciones y cifras que mucha gente desconoce y que como ya decía en mi anterior artículo, en esta situación tan excepcional en las que nos encontramos es posible que se produzca un repunte de situaciones violentas en el seno de la familia que no sabemos por el momento como las vamos a afrontar. Si ya era difícil convivir con alguien violento, despótico, misógino, dictador, pero se aguantaba mal que bien ya que no eran las 24 horas del día, imaginaros ahora esta convivencia con alguien bebedor, violento, desarraigado, prepotente, manipulador, ahora sí, las 24 horas del día y no un solo día sino varias semanas e incluso meses que es lo que puede durar esta crisis en espacios mínimos, reducidos, de no más de 50, 60 o 70 m2 y con niños a tu alrededor con los que a lo mejor no has tenido ninguna interacción anteriormente o esta ha sido mínima.

No os quiero ni contar lo que pude pasar si el tigre tiene hambre y ganas de caza. Antes se podía mover en su entorno, la calle, los bares, los amigos y volver a su guarida de manera más o menos placida dependiendo de las circunstancias, pero ahora esto no va a poder ser. Ahora todo lo va a tener que realizar en su jaula en la que le han obligado a enclaustrarse y si no consigue calmarse y aceptar la situación (cosa que dudo desde mi modesta opinión) puede producirse una masacre en el lugar donde se encuentre.

Tengo que reconocer que ahora todo está centrado en el coronavirus, en las muertes que está produciendo, en  cómo afrontamos la pandemia, en las medidas de seguridad que hay que tomar, pero más tarde o más temprano empezaran a producirse casos que ojala sean mínimos y frente a los que no vamos a poder estar preparados con esta situación de crisis, así que esperemos por nuestro bien y sobre todo por el de ellas, que el tigre no decida salir mucho de caza.

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