Divorcios Inteligentes

Hay gente que me pregunta cuando ve o escucha lo de divorcios inteligentes, si me estoy refiriendo a que hay que tener un cierto grado de conocimiento, hay que ser universitario, tener una carrera o un doctorado para entender que se puede producir o realizar un divorcio inteligente. Nada más lejos de la realidad, divorcios inteligentes no es un nombre puesto con carácter elitista ni mucho menos, es un nombre que hemos puesto sin tener para nada en cuenta, ni los estudios, ni las capacidades intelectuales de nuestros clientes. Como ya se dice al inicio del blog: “no hay que ser inteligente para divorciarse, pero si hay que divorciarse de manera inteligente”.

Y muchos se preguntaran ,y eso, ¿qué quiere decir?. Pues lisa y llanamente que hay que tratar de que prime en estas situaciones nuestra capacidad intelectual, racional si quieren que la llamemos de otra manera, frente a la visceral que es la que suele primar en la mayoría de los casos contenciosos.

Hay muchas veces, en las que  un divorcio es la única solución, las cosas van mal en la pareja, por las circunstancias que sean y es preferible eso que una convivencia anodina, llena de conflictos y de peleas que van a afectar tanto a los cónyuges como a los hijos en caso de que los haya.

Ahora bien, ¿cómo lo resolvemos una vez tomada la decisión? Solo hay dos maneras:

  • de forma amigable o racional. Ya que no hay solución vamos a tratar de minimizar los riesgos que todo proceso de divorcio conlleva y vamos a ser nosotros los que marquemos las pautas de nuestras futuras relaciones sin que dejemos que entren a decidir terceras personas ajenas por completo al conflicto al que nos enfrentemos. Esa sería la forma inteligente de divorciarse, llegar a acuerdos puntuales, ceder en nuestras reivindicaciones, velar por el interés de nuestros hijos menores y que puedan seguir teniendo una educación en las que no falte ni la figura del padre ni la de la madre, que no tengan la sensación de abandono que muchas veces se produce, es decir nada fuera de lugar, cosas y actitudes normales y racionales y que van a servir para que nuestras relaciones no se deterioren sobre todo si hay hijos pequeños ya que vamos a poder estar en esta situación con contactos con los hijos y con el otro progenitor durante varios años por lo que parece altamente recomendable que estas interacciones lo sean desde un punto positivo y no con el odio y la rabia de por medio. Ya sabemos que el tema es difícil pero a la larga es mas cómodo, menos gravoso económicamente para ambas partes, mas fácil de cumplir los acuerdos a los que se llegue, permiten una mayor flexibilidad en todas las relaciones sean estas entre los hijos o entre los propios padres y en definitiva todos son ventajas.
  • La otra posibilidad, es la guerra de los Rose, el tirarnos los trastos a la cabeza, hacerle la vida imposible al otro, chantajearle con los hijos, con los alimentos, con las visitas, con el reparto de los bienes comunes, con todo, con el único objeto de sacar toda la rabia que tenemos en nuestro interior porque la persona con la que compartíamos nuestra vida nos ha fallado y de alguna manera lo tiene que pagar, y ese es el gran error de la mayoría de estas separaciones o divorcios, al final lo pagan los hijos, los cónyuges, los familiares y allegados, los amigos y todo por usar las vísceras en vez de la razón o la cabeza o la inteligencia para solucionar el problema.

En mi caso y cuando asesoro a los clientes, siempre trato de llegar a un arreglo amistoso y convencer  a ambas partes de que es lo mejor para todos, negocio hasta la extenuación con los abogados contrarios y solo al final cuando la realidad y la falta de intencionalidad de llegar al acuerdo amistoso se descarta, hay que enfrentarse a la demanda y la decisión de un juez que solo sabe de nuestros problemas por los papeles que le presentamos, ya que nunca ira a nuestra casa a ver como estamos, ni pasara un rato con nosotros para entender nuestra idiosincrasia. Siempre digo, que para que alguien decida por mí, prefiero decidir yo mismo sobre cosas que me van a afectar de manera muy especial.

Es verdad que hay veces que no hay más remedio que acudir a los tribunales cuando la cabezonería de la otra parte o el rencor, hace inviable cualquier tipo de acuerdo amistoso y entonces solo nos queda decir si somos creyentes “que dios reparta suerte” pero hay que decir que el peaje normalmente va a ser muy alto.

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