El niño y las actividades extraescolares

Con la problemática que se ha planteado por parte de algunas asociaciones de padres sobre, deberes si, deberes no, con todo lo que ello representa sobre el poco tiempo que tiene los niños para el ocio y los juegos debido a la ingente cantidad de tareas escolares que les son impuestas, vamos a hacer unas breves puntualizaciones sobre las actividades extraescolares de los menores y principalmente sobre quién los lleva y los trae a realizar las mismas.

Hoy día cualquier progenitor quiere lo mejor para sus hijos y eso implica que tenga una formación lo más completa posible, independientemente de que los padres vivan juntos o se encuentren separados o divorciados. Queremos que  nuestro hijo hable inglés y alemán si es posible, que estudie música, no solo armonía, sino que también toque algún instrumento y que practique algún deporte a ver si destaca en el mismo, y si además recibe clases de interpretación y está apuntado en el grupo de teatro del centro pues mejor que mejor. Es decir no solo tienen los menores que bregar con los deberes que les mandan para el día siguiente, sino que tenemos que apuntarlos a todo lo que se nos ocurre en aras de una mejor y más completa formación.

En situaciones normales parece que no suele haber ningún tipo de problemas entre los progenitores a la hora de decidir a cual de todas se les apunta, quién los lleva y los trae, etc. La problemática aparece cuando nos separamos o nos divorciamos, a partir de ahí hay que ver y decidir, qué actividad es la más interesante pues ahora los intereses ya no son los mismos entre otras cosas porque las actividades extraescolares hay que pagarlas.

Es necesario saber que por norma general y según amplia jurisprudencia si los padres no se ponen de acuerdo sobre a qué actividad acudirá el menor, pagará aquel que haya decidido unilateralmente apuntarle a la referida actividad.

Los problemas se plantean cuando las actitudes de los progenitores no se rigen por los principios de inteligencia por los que abogamos en este blog y lo que debería ser una actividad lúdica y de diversión se convierte en una fuente de problemas para el niño/a y para sus progenitores. De lo retorcidos que somos al respecto da buena prueba una sentencia de la Audiencia Provincial de La Coruña Sección Tercera de 20 de Noviembre de 2015 donde una madre decide unilateralmente apuntar al niño a actividades extraescolares (fútbol, inglés y baile gallego) pero con la particularidad de que dichas actividades coincidían con las visitas intersemanales que le correspondían al padre, el cual lógicamente se quejó y la audiencia le da la razón alegando que tan importantes son las actividades extraescolares como el disfrute de la compañía paterna, pero que no es aceptable que se establezcan unilateralmente y justo coincidan con los periodos de visita del progenitor no custodio, y es por ello por lo que se deja al albedrío del padre el llevar al menor a todas esas actividades o no. Una jugada maestra de la madre que al final no le salió tan bien como ella pensaba.

Otra sentencia de la Audiencia Provincial de Murcia Sección 5ª de 28 de Enero de 2014 de similares características se refiere a una madre que apunta a su hijo a fútbol y que pretende que el padre compatibilice y facilite la práctica por parte de su hijo de la actividad extraescolar. El problema era que el padre disponía de un fin de semana de cada dos para estar con su hijo, y tenía que disponer de uno de esos dos días en viajar a la localidad donde el menor tenía el partido, teniendo en cuenta que ya viajaba de Cartagena a Murcia para recoger al menor y luego devolverlo, es decir un verdadero trajín de idas y venidas, y encima de una actividad lúdica que nada tiene que ver con situaciones académicas por lo que la Audiencia ha dictaminado que dependerá de la voluntad del padre el que la referida actividad tenga lugar mientras este en su compañía.

Como vemos y aunque en este caso sean las madres (los padres hacen lo mismo) las que intervienen con unas propuestas que rayan lo esperpéntico, no es menos cierto que a veces deberíamos mirarnos menos el ombligo y ver la mejor manera de no tener que recurrir a estas artimañas para tratar de molestar al progenitor no custodio puesto que esa parece ser la única intencionalidad de estas actitudes, en detrimento de las relaciones interpersonales de los padres y de la estabilidad de los menores que se ve comprometida seriamente antes estas formas de actuar.

Es decir, que sí a las actividades extraescolares (sin pasarse) consensuadas, siempre que beneficien al menor y no tengan que ser un punto de fricción entre los progenitores y para eso nada mejor que decidirlas conjuntamente y no de manera unilateral y con ganas de fastidiar a los demás.

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