¿HASTA CUANDO HAY QUE MANTENER A LOS HIJOS?

Hoy en día la independencia de nuestros hijos se va retrasando cada vez mas debido sobre todo a la situación económica que atravesamos y a la precariedad laboral que afecta principalmente a  todos a nuestros jóvenes. Un estudio publicado por el Instituto Nacional de Estadística  recoge que en el año 2016 un 54,1% de los jóvenes entre 25 y 29 años seguían viviendo con sus padres en el hogar familiar, en el año anterior el porcentaje era del 52%.

Además en España los menores de menos de 25 años con poco nivel de estudios tienen casi imposible acceder al mercado laboral según un informe del Observatorio Social de la Caixa. La crisis ha empeorado la situación de todos los menores de 30 años con bajo nivel de estudios.

Cuando no hay problemas en las familias y estamos en una situación normal, aunque estos jóvenes ya sean mayores de edad, no suele plantarse ningún problema, en principio, si por lo menos se ven actitudes positivas de los mismos frente a la vida, es decir intención de estudiar o de seguir formándose, de buscar algún tipo de trabajo aunque sea a tiempo parcial con el que poder contribuir a las cargas familiares o por lo menos no ser ellos mismos una carga etc.

El lio se organiza y el problema se plantea cuando la relación familiar se ha deteriorado tras una separación o un divorcio sean estos de mutuo acuerdo o contencioso. Los padres (la mayoría) y las madres (en menor proporción) obligados a satisfacer pensiones por alimentos para el sustento de sus hijos, tienen claro que mientras estos sean menores no hay posibilidad de discusión al respecto, hay que satisfacer las cantidades establecidas por el Juzgador si o si,  a no ser que existan circunstancias excepcionales que impidan realizar esa obligación.

 Pero, ¿y cuando ya son mayores de edad, que pasa? La ley no establece ningún límite de edad para el pago de la pensión alimenticia, por lo que el abanico de nuestros tribunales es muy amplio a la hora de ofrecer respuestas a esa pregunta ya que hay que tener en cuenta las circunstancias del caso, las socioeconómicas del momento y un sinfín de pautas que deberán analizarse una por una.

Normalmente los Tribunales tienden a establecer una edad que ronda los 25 años para entender que el alimentista  (el que recibe los alimentos) ya está capacitado para volar solo y si no lo hace a lo mejor es culpa suya aunque he visto sentencias en que con 32 y 30 años se ha admitido que se siguiese pagando la pensión. Claro que como hemos dicho dependerá de si está estudiando o no y del provecho que hagan de esos estudios. Si con 25 años estas en primero de Derecho es fácil que no te concedan la pensión alimenticia o más bien que te la retiren. Los tribunales tienen establecido que la obligación de dar alimentos a los hijos se extiende hasta que estos alcancen la capacidad económica para mantenerse siempre que la necesidad de ayuda no haya sido creada por el propio hijo por no poner los medios suficientes para poder generar ingresos propios. Como hemos dicho la formación también influye y se suele mantener esa pensión mientras dure la formación del hijo y su prolongación no pueda imputarse a desidia o falta de aprovechamiento.

La formación de los hijos mayores de edad puede incluir incluso el preparar oposiciones lo que justificaría el mantenimiento de la pensión alimenticia, así que si nuestros hijos son listos nos podrían decir que se va a preparar la oposición de maestra como solicitó una hija a sus padres y el Juez conceder esa pensión durante los próximos tres años por entender que existía un aprovechamiento del tiempo por parte de la hija y que ese es un tiempo prudencial para acudir con posibilidades de éxito a la referida oposición.

Pero a veces la situación  no es tan sencilla y el Juzgado tendrá que analizar por qué el mayor de edad no ha encontrado empleo o no realiza ninguna actividad productiva ya que en general nuestros tribunales no quieren mantener ni favorecer actitudes de pasividad como cuando no se hace lo suficiente para poder insertarse en el mercado laboral o cuando no se mantiene una actitud activa en la búsqueda de empleo cuando se es una persona joven y no se está aquejado de ningún tipo de enfermedad.

Como ya he dicho existen situaciones en las que los tribunales admiten la eliminación de la pensión alimenticia como cuando se da una falta de aprovechamiento en los estudios y así varios años matriculado en una carrera universitaria con resultados mediocres puede causar esa extinción así como el cambio de estudios sin relación unos con otros en particular cuando se llega a cierta edad, en torno a los 24 años como el caso que se dio de extinguir la pensión a una hija que comenzó el primer ciclo de educación infantil que no completó con estudios superiores porque cambio a curso de monitora de actividades de ocio, pastelería y estética, como veis una verdadera artista para apuntarse a todo y no finalizar nada.

El Tribunal Supremo efectúa las siguientes consideraciones en relación con este tema, recapitulando sentencias anteriores:

  • Los alimentos a los hijos no se extinguen por la mayoría de edad; han de ser abonados hasta que éstos alcancen “suficiencia” económica, siempre y cuando su situación de necesidad no haya sido creada o provocada por la conducta del propio hijo.
  • El fundamento del derecho de alimentos de los hijos mayores de edad viene determinado por el «principio de solidaridad familiar», que, a su vez, debe ponerse en relación con la actitud personal de ese hijo; es decir, sólo se reconoce cuando concurren situaciones de verdadera necesidad, en claro contraste con los hijos menores, cuyos alimentos constituyen un deber insoslayable, derivado de la propia filiación.

Es verdad que los tribunales no pueden privar de la ayuda económica a los jóvenes activos en la búsqueda de su independencia económica pero tampoco les interesa beneficiar a quienes no demuestran su empeño en superar esa dependencia económica  y están esperando como agua de mayo a primeros de mes esa pensión alimenticia que se les ingresa en una cuenta y que muchas veces aunque no sea muy elevada si es lo suficiente para satisfacer sus necesidades más perentorias y permitirles mantener una vida excesivamente cómoda ,eso si, sin grandes dispendios. Por eso es conveniente saber que como padres tenemos nuestras obligaciones pero que nuestros hijos también tienen las suyas que a veces se les olvida y a lo mejor hay que recordárselas.

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